domingo, 11 de noviembre de 2012

CRÓNICAS MANIPULADAS

Durante 500 años, hemos tenido que confiar en las crónicas escritas por los conquistadores españoles, las que nos describen los historiadores, como en 1532 Francisco Pizarro llega  a las fronteras del Tahuantinsuyo con algo menos de 200 hombres, desde entonces los  historiadores se han sentido intrigados por los posteriores sucesos.

Cuando los mensajeros incas propagaron por el imperio la noticia de la diminuta invasión, ¿por q no se movilizó el ejercito inca?, ¿cómo pudo un puñado de invasores poner de rodillas a la mayor civilización indígena de Sudamérica?. ¿Fue debido a la superioridad de armas?, ¿a las enfermedades europeas? o fue por otra razón.

El imperio inca fue uno de los muchos que surgieron y cayeron en Perú y el más grande, los incas eran los romanos del nuevo mundo, ingenieros y constructores sin igual, crearon el Machu Picchu, el sistema de carreteras mas complejos de Sudamérica, e innumerables obras maestras en oro. Pero el mayor talento lo tenían como conquistadores, y este talento lo usaron en el siglo 15 para conquistar toda la región andina.
Las crónicas españolas de la conquista quitan importancia a un hecho muy importante. Cuando Pizarro y sus conquistadores llegaron al Perú, el imperio inca se estaba desmoronando. Se había formado solo 100 años antes, cuando los incas se desplegaron desde su capital del cusco para aplastar a los muchos pueblos indígenas de la región.

En 1532 mucho de los 10 millones del imperio estaban hartos de la dominación inca y estaban dispuesto a aliarse con los españoles para deshacerse del dominio inca, ya que habían vivido bajo su dominio.
Para los españoles fue un autentico golpe de suerte, aun con sus avances tecnológicos y sus caballos, no eran un ejército formidable, ni mucho menos eran soldados, tan solo aventureros despiadados, analfabetos salidos de zonas rurales con una sed insaciable de oro y plata. Y por esta razón, la tarea de contar la historia recayó fundamentalmente en escribanos y cronistas.

A lo largo de los años se creó una especie de versión oficial de lo que había ocurrido, los historiadores y arqueólogos sospechan desde hace tiempo que en el proceso se alteraron algunos hechos y otros fueron omitidos conscientemente. Los cronistas buscaban justificar la conquista, y para magnificar la gloria de los españoles exageraron en sus relatos.
Mujer hallada en Puruchuco. (las mujeres ayudaban al
ejercito inca llevando los alimentos y curandolos de sus
heridas)

Hicieron todo lo posible para mostrar una imagen dramática de las dificultades y heroísmo de los españoles pero ignoraron de manera notoria la ayuda que recibieron de los indios aliados. Relatan una sucesión de batallas dramáticas en las que el diminuto grupo de Pizarro se enfrentaba a los grandes ejércitos incas, y contra todo pronóstico ganaban. Y un claro y clásico ejemplo es lo sucedido en Cajamarca.

Con el mundo inca alborotado,  Pizarro avanzo a la capital Cuzco, que cayó rápidamente en poder de los españoles, a los pocos meses el imperio inca era suyo, y la resistencia armada inca tardó  cuatro años en materializarse.

Según las crónicas el 10 de agosto de 1536, Francisco Pizarro estaba en lima, y vio aterrorizado como un enorme ejército indígena avanzaba hacia ellos. Ese mes la ciudad de lima tenía tan solo 18 meses de antigüedad, sus pocas casas de adobe estaban dispuestas en forma de cuadricula alrededor de una plaza central.

Único resto hallado con herida de bala en el
 cementerio de  Puruchuco.
Según la imagen descrita por los cronistas, el asedio de Lima fue dirigida por Kisu Yupanqui quien contaba con un ejército de 20 mil hombres, al cual la caballería de Pizarro venció heroicamente. Una vez un puñado de españoles había derrotado a un enorme ejército indio, Lima estaba a salvo.

En el cementerio de Puruchuco (lugar donde se enterraron los restos del ejercito de kisu) de los muchos restos, solo se encontraron tres que habían muerto por armas españolas, incluso uno de ellos tenía un impacto de bala de arcabuz, y el resto, hablamos de cientos, por armas incas.

Durante cientos de años nos han contado que un puñado de españoles con sus hierros y sus caballos fueron capaces de conquistar un imperio. Eran indios contra indios, el ejercito inca lo formaban miles no decenas de miles, no hubo carga heroica de la caballería de Pizarro, y los españoles que lucharon estuvieron protegidos por un gran número de indios que lucharon a su lado.
El papel de los aliados indios minimizados sistemáticamente por las crónicas fue fundamental para el éxito de la conquista.

María Rostworowski.
La historiadora María Rostworowski menciona: “Los españoles recibieron una enorme ayuda de sus aliados indios, este hecho pasado por alto en las crónicas, cambia por completo nuestra visión de la conquista, sin ella la historia es absurda”, “La conquista del Perú fue un asunto de indios luchando contra indios, indios tomaron cusco, indios atacaron lima, indios defendieron lima”.

Para ganarse su apoyo, los invasores prometieron a los indios aliados la independencia y poder de influencia que los incas les habían negado, después de la conquista las promesas se olvidaron.

¿Por qué quedó fuera de las crónicas la participación masiva de ejércitos indios en la conquista española del Perú?

La historia de la alianza de los indios andinos es la gran historia no contada de la conquista.

sábado, 27 de octubre de 2012


HUAROQUÍN!!!

Shocoto, entrada al pueblo.
Cada vez que le hablo a alguien de Huaroquín, me dicen, ¿qué es eso?, y siempre mi respuesta es: Es un pueblito antiguo a 5 horas de Huaral hacia el noreste, y me responden: Nunca lo había oído.

Pero no es simplemente un pueblo, es uno de los refugios de nuestros antepasados incas al huir de la conquista de los españoles, se encuentra a 3800 m.s.n.m., y hace pocos meses ha llegado ahí, el internet.

Vista del pueblo, desde el camino rumbo a la laguna de Pacococha.


Cada vez que pienso en Huaroquín, se me viene a la mente un ser tan gentil y solitario, que aveces se me llenan los ojos de lagrimas, al pensar como sería mi vida si yo viviera así. Una mujer de avanzada edad, viuda desde hace ya décadas, que vive sólo para su ganado.

La tía Kicha es una de los 22 habitantes totales del pueblo, nació y creció allí, y a pesar de que nadie sepa su edad ni su cumpleaños, parece que también morirá ahí, pues sus arrugas delatan ya casi los 100 años o quizá más, y a pesar de eso, cada vez que llegamos, nos atiende de una manera tan amable, tanto que cualquiera diría que se está despidiendo de nosotros.

Iglesia del pueblo
Lleva en uno de sus párpados un pedacito de cinta de embalaje, que evita que el peso del párpado inferior cierre su ojo derecho, pues sus arrugas y la piel que le cuelga son tan notables, que si no lo llevara puesto, no vería nada. Tiene unas trenzas blancas y largas enrolladas en el cuello, y creo que si las soltara, las arrastraría al caminar.

Todos los años a fines de junio que viajamos para las fiestas del pueblo, es la misma historia: llegamos, la tía Kicha nos recibe con lágrimas, nos da una de sus rechinantes habitaciones, nos atiende amablemente, mata una de sus ovejas, y comemos queso.

Luego de una semana de estadía en tan acogedor pueblo, nos despedimos de nuestra tía, que por cierto me olvidaba, es la tía de mi abuelo materno. Ella nuevamente se llena de lágrimas y despide a cada uno tiernamente. La primera vez que la abracé, traté de no lastimarla, pues pensé que por su edad sería algo frágil, pero su abrazo fué mas fuerte que el de cualquiera de mis amigos.

Cada año en la despedida nos dice: "Derrepente el otro año ya no me encuentran", y siempre nosotros le decimos: "Pero vámonos con usted a Lima", pero no puede dejar sus vacas, toros y ovejas.

Nos subimos al camión para emprender la partida, y mientras avanzamos, vemos como la tía Kicha con una sonrisa de melancolía, a lo lejos no deja de agitar su arrugada mano, hasta desaparecer por completo de nuestra vista, pensando realmente si el otro año la volveremos a ver.